Entrando en
Velayos por la carretera que viene de
Ávila y va hacia
Arévalo y pasado el
puentecillo del transformador de la luz vivía "Salva", un grueso ejemplar dedicado a la compraventa de legumbres con dos o tres hijos y un par de hijas.
Recuerdo a su padre sentado a la puerta o desplazándose hasta la
cija, donde criaba marranos, apoyado en un grueso bastón.
En el mismo lado de la calle y pasada la bocacalle que llevaba a la "casona" tenía su vivienda el tío
Hedilberto Arribas, casado con tía
Adela.
No presumían de la preciosa y amplísima cocina alicatada de vistosos azulejos
talaveranos que era una preciosidad.
Tenían una hija, Carmen, que finalmente se casó con
Paulino, el hijo de
Teófilo "Caracas", uno de los pocos que tenían mote en
Velayos, ya que no había necesidad de motes, por la tradicional costumbre
de bautizar a los nacidos con el nombre más raro del santoral del día, evitando repeticiones.
No obstante, en
Velayos, había "Caracas", "
Corocos" y "
Quiricos", para no privarse de nada.
El tío "Caracas" era pielero-pelliquero, compraba y curaba las pieles de los animales.
El tío "
Coroco" tenía muchos hijos. Se dedicaba a la agricultura como "criado".
El tío "
Quirico" era albañil.
A continuación de la casa del tío
Hedilberto estaba la tienda de
Maurilio, casado con Germana, hermana de
Doroteo que era el encargado de atender la tienda.
Frente a la casa de Salvador estaban el potro de herrar, que era de piedra granítica, junto al pozo de la fragua, de forma rectangular y brocal de grandes piedras graníticas.
A continuación una pequeña edificación con tejado a dos aguas daba cobijo a la fragua de los hermanos
Vivanco: Carlos y Lorenzo.
Carlos vivía junto a la fragua, mientras que Lorenzo vivía en la plaza, con
Sofía, su mujer.
Tuvieron varios hijos, los llamados "
jabatillos" uno de ellos se metió fraile, pero había otro que era de la piel del diablo.
Su padre practicaba la disciplina del hambre, que consistía en darles entera libertad para que anduvieran por donde quisiesen, pero a las horas de las comidas, se asomaba a la puerta y hacía sonar un silbato un par de veces.
Los chicos acudían "volando", porque el que no llegaba inmediatamente perdía "cuchara"
-¿Qué era eso de perder cuchara?
Muy sencillo.
Por aquella época no había agua en las casas del pueblo, ya que sólo tenían pozo algunas, fundamentalmente las de los labradores que tenían
animales de labranza.
Debido a esto existía la ancestral costumbre de comer todos del mismo plato para no tener que fregar muchos cacharros.
Y como estábamos en los "años del hambre", en ciertas familias numerosas comían todos con la misma cuchara, que se pasaban por turno hasta que se acababan las viandas.
Por eso "volaban los jabatos", para "no perder cuchara".
Frente a la casa de tío
Hedilberto vivía
Boni, casada con
Elías.
Boni tenía un hijo, larguirucho: "
Cheno" (Eugenio) y una hija algo más agraciada:
Crucita (María Cruz).
La siguiente casa habitada pertenecía a Helio, que además de ser labrador, traficaba con cereales.
Tenía dos plantas: la baja dedicada a almacén y la alta que era la vivienda propiamente dicha.
Tenía un hijo que acabó en el manicomio y una hija algo más pequeña de la que no recuerdo el nombre.
En la casa de la esquina vivía Emilio
Muñoz, con varias hijas.

Una de ellas se metió monja y otra se casó con
Teófilo, el confitero hermano de
Marcelina.
Atravesada la calle, en la esquina de la plaza estaba el comercio de
Bernabé Muñoz, hermano de Emilio.
Las familias
Muñoz estaban enemistadas de por vida con los allegados de mi tío
Baltasar, a la sazón alcalde y médico de la villa.
Parece ser que mi tío había ganado la titularidad de médico del pueblo y los
Muñoz llevaron otro médico pariente suyo en la época de la República que permaneció en el pueblo hasta que empezó la guerra y después se marchó quedando de residuo esta
perpetua enemistad.
En el
frontal de la plaza se alza el Ayuntamiento a cuyo lado se encuentra una casa
porticada, dedicada a almacén de mi tío
Juanito Hidalgo, que se dedicaba al negocio de los garbanzos, que clasificaba con maquinaria elemental instalada en la planta baja de su vivienda, no de esta casa.
Tenia una sucursal de su negocio en Ronda (Málaga) donde residían los hijos de su primer matrimonio, que eran los que llevaban allí el negocio.

La posada de Eugenio, el casino de "
Clodo", la casa de teléfonos, antigua tienda de Ciriaco, regida por la señora Eugenia, la casa de Ildefonso "Capé" y la de tía
Juana, su suegra, madre de "
Mace", su mujer, y de
Elisa ocupaban ese lateral de la plaza.
En el lado que nos queda por describir estaba la fábrica de jabón, en el rincón, era propiedad de la familia del que fue posteriormente presidente del Comité Olímpico Español: Anselmo López, seguida de la casa donde se asentaba el "Comedor de Auxilio Social", de doble planta, y otra casa de planta baja donde vivía el "tío Caminero" (no era mote, su mote era "Batallón") casado con la "tía Batallona" que no tenían hijos, parece que era un
meteorólogo nato, porque las gentes del pueblo decían: "Va a llover porque el "Batallón" lleva el paraguas en la burra"