P. Santos.

jueves, 1 de marzo de 2007

Plaza de la Victoria

Plaza de la Victoria.
Así se llamaba la plaza de Velayos.
Estaba empedrada con gorrones de río desiguales y tenía una farola de cuatro brazos en el centro, erguida sobre una peana en forma de tres escalones curvados, que, según decía él, había sido hecha por Carlos Vivanco, herrero del pueblo, gran amante del alcohol. Dicen que se emborrachaba con solo olerlo. Y debía ser verdad.

Al caer la tarde, salía de la fragua. Desde la plaza le veíamos venir calle arriba, tratando de ir derecho a pesar de los guijarros, mientras cantaba:
-
"Ante ese coche de funeral,
Yyyoo no me quito el sombrero,
ante ese coche de funeral... "
Iniciaba su cántico frente a la tienda de Doroteo y lo culminaba al llegar a la farola. ¡Su bien amada farola!
Una vez allí, se subía a lo más alto de la peana, se abrazaba a ella, y, alargando sus brazos para separar su tronco de ella, decía:
-
"¿Con quién hablo, contigo o con la estufa?"
Para seguir piropeándola, siempre con las mismas palabras:
-"¡Mírala! ¡La más guapa, la más esbelta! ¡Olé las manos que te hicieron! Y ¡qué guapa que te dejarón!"
La miraba y remiraba y agregaba:
-"Y a tí ¿quién te hizo? ¡Carlos Vivanco, el más señorito del pueblo!... ¡El más borracho del pueblo!
Después se bajaba de la farola y dando tumbos se dirigía al casino para completar su borrachera...
Aunque los chiquillos ya conocíamos su actuación de memoria, no nos la queríamos perder. Eso sí, éramos respetuosos con él, porque él siempre fue respetuoso con nosotros.

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