
A la madre de "Teola" (tía Valeriana), no logro recordarla. Sin embargo sé que la primera vez que fui a Velayos vivía con su marido, el tío Pepe, que era zapatero, y sus hijos,Alejandro y Marino en la casa que posteriormente se alquiló a "Zaca" (no es mote, se llamaba Zacarías) y finalmente se le vendió, cuando de toda la familia no quedaba más que "Teola".
Teódula, con Humbelina, vivía en la casa de la Plaza, para cuidar la casa de mi madre. Allí criaba gallinas y un cerdo ibérico, para la matanza anual.
Después recuerdo a toda la familia, excepto la madre y Alejandro, que ya habían muerto, en la casa de la Plaza. Debieron morir en un corto espacio de tiempo, entre fin de un verano y principio de otro.
El tío Pepe tenía puesto el taller de zapatería en el portal de la casa. Se sentaba en una banqueta baja junto a una mesa con las patas cortadas, que tenía un cajón. Sobre ella había un par de latas redondas donde se guardaban los clavillos y los herretes, un par de rollos de bramante, unas cajas con betunes y sebo junto a un martillo de orejas de conejo y base redonda y una lata de pegamento con un pincel.
A su lado y clavado sobre un pequeño tronco de madera,el tirapié.
Marino le ayudaba en el taller "haciendo cabo" con el bramante que frotaba y giraba sobre un mandil de cuero con sus manos pringadas de sebo.
Al pobre Marino nunca le vi en pié, se movía sentado sobre su silla baja, con asiento de cuero, que arrastraba a saltitos para desplazarse por la casa. Era mayor que Teódula y, lo mismo que Humbelina, padecía una distrofia muscular progresiva que empezaba a manifestarse en la adolescencia con pérdida de fuerza muscular y que pronto les impedía caminar, mantenerse en pié e incluso llevarse la cuchara a la boca. Humbelina si que caminaba ayudada de un grueso palo de nudos que empleaba para ayudarse a mantener el equilibrio. Había que ponerla en pié, sentarla, levantarla y acostarla, pero se pudo desplazar por la casa hasta que se cayó un día y se rompió una pierna. Desde entonces estuvo en silla de ruedas.
No fueron los únicos casos de distrofia en Velayos en esa época, pues hubo otros tres que yo conocí: una prima suya que se llamaba Encarna, de la tía "Panta" (Pantaleona era su nombre), Sabino, el de la posada, y Pepa, la hija de tío Jeremías y de tía Juana. Sabino y Pepa no tenían parentesco directo con ellos, aunque en los pueblos pequeños son todos algo parientes.
Pepa, Encarna y Sabino estaban como Humbelina al principio: podían desplazarse por la casa siempre que no hubiese desniveles ni escalones. Cosa curiosa es que estos dos últimos atendían sus tabernas tras el mostrador.
Pepa se movía más torpemente que Humbelina y murió de pena llorando el fusilamiento de su hermano Eusignio. De aquella familia ya no queda nadie en Velayos, pues su hermano Auxilio ("Xilito") ganó unas oposiciones al S.N.T. (Servicio Nacional del Trigo) y, después de casarse con la sobrina mayor de Sabino, Práxedes, la hija de Eugenio, salió del pueblo obligado por su profesión.
Teódula, con Humbelina, vivía en la casa de la Plaza, para cuidar la casa de mi madre. Allí criaba gallinas y un cerdo ibérico, para la matanza anual.
Después recuerdo a toda la familia, excepto la madre y Alejandro, que ya habían muerto, en la casa de la Plaza. Debieron morir en un corto espacio de tiempo, entre fin de un verano y principio de otro.
El tío Pepe tenía puesto el taller de zapatería en el portal de la casa. Se sentaba en una banqueta baja junto a una mesa con las patas cortadas, que tenía un cajón. Sobre ella había un par de latas redondas donde se guardaban los clavillos y los herretes, un par de rollos de bramante, unas cajas con betunes y sebo junto a un martillo de orejas de conejo y base redonda y una lata de pegamento con un pincel.
A su lado y clavado sobre un pequeño tronco de madera,el tirapié.
Marino le ayudaba en el taller "haciendo cabo" con el bramante que frotaba y giraba sobre un mandil de cuero con sus manos pringadas de sebo.
Al pobre Marino nunca le vi en pié, se movía sentado sobre su silla baja, con asiento de cuero, que arrastraba a saltitos para desplazarse por la casa. Era mayor que Teódula y, lo mismo que Humbelina, padecía una distrofia muscular progresiva que empezaba a manifestarse en la adolescencia con pérdida de fuerza muscular y que pronto les impedía caminar, mantenerse en pié e incluso llevarse la cuchara a la boca. Humbelina si que caminaba ayudada de un grueso palo de nudos que empleaba para ayudarse a mantener el equilibrio. Había que ponerla en pié, sentarla, levantarla y acostarla, pero se pudo desplazar por la casa hasta que se cayó un día y se rompió una pierna. Desde entonces estuvo en silla de ruedas.
No fueron los únicos casos de distrofia en Velayos en esa época, pues hubo otros tres que yo conocí: una prima suya que se llamaba Encarna, de la tía "Panta" (Pantaleona era su nombre), Sabino, el de la posada, y Pepa, la hija de tío Jeremías y de tía Juana. Sabino y Pepa no tenían parentesco directo con ellos, aunque en los pueblos pequeños son todos algo parientes.
Pepa, Encarna y Sabino estaban como Humbelina al principio: podían desplazarse por la casa siempre que no hubiese desniveles ni escalones. Cosa curiosa es que estos dos últimos atendían sus tabernas tras el mostrador.
Pepa se movía más torpemente que Humbelina y murió de pena llorando el fusilamiento de su hermano Eusignio. De aquella familia ya no queda nadie en Velayos, pues su hermano Auxilio ("Xilito") ganó unas oposiciones al S.N.T. (Servicio Nacional del Trigo) y, después de casarse con la sobrina mayor de Sabino, Práxedes, la hija de Eugenio, salió del pueblo obligado por su profesión.
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