P. Santos.

jueves, 11 de enero de 2007

El bautizo




Siguieron el frío y la nieve.

Al cabo de un mes habían acordado mis padres, con mi tío Nicolás, a la sazón Párroco de San Juan, la iglesia donde siglos atrás se había bautizado Santa Teresa de Jesús, mi bautizo en la misma pila donde había sido bautizada la Santa.

Sería mi madrina la hermana de mi padre, mi tía Albina, que era el ama encargada de cuidar a mi tío el cura.

Llegado el día se encontró que la pila bautismal tenía la superficie del agua hecha hielo, por lo que hubo que calentar agua para descongelarla.

Creo que lloré bastante, según me contaba mi abuela.

Solo tuve madrina.

Terminado el bautizo todos los asistentes (mis hermanos Juan y Nicolás, mis padres, mi abuela, Rosa la vecina, mi madrina y mis tíos Nicolás y Baltasar) se trasladaron a la casa de mis padres (Plaza de Santa Catalina, nº 2, principal) donde degustaron al calor de la estufa del comedor (rodeada de una valla de madera para que no se quemasen los niños) un delicioso chocolate con picatostes (preparados por mi madre y mi abuela, la única abuela que conocí, ya que los padres de mi padre murieron en Fontiveros cuando mi padre tenía solo dos años, encargándose su tío, hermano de mi abuela paterna Anastasia, el cura, de su crianza y educación.

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